miércoles, 30 de julio de 2008

Mensaje en una botella


Encontrado en internet...

Soy Border: por eso, si pudiera definir mi forma de vida en tres palabras, estas serían: todo o nada. Un día la vida es para mí una eterna fiesta, llena de risas y bromas, donde nada es tan serio ni tan importante pero al siguiente me parece más cruel de lo que de verdad es. Por eso no te preocupes si estoy riendo a carcajadas y al instante suelto el llanto... es "normal" y pasará. No acepto relaciones a medias, a la gente que quiera estar conmigo le pido estar "conmigo o en mi contra", a cambio doy exactamente lo mismo. A veces dudo de que mi existencia real, me pregunto si mi existencia es de verdad o soy parte de un sueño o una película... de la que yo no soy la protagonista.... Soy capaz de cuidar mi salud hasta la exageración o llegar a lastimarme tanto, que te quitaré el sueño.¿Qué quieres que sea? ¿con quién quieres estar? Puedo ser lo que te dé la gana: dulce o tosca; discreta como una tumba o la más chismosa que pueda existir. Precavida o bien, osada a tal punto que temerás por mi vida. Seré lo que te haga feliz... mientras quieras estar contigo. Una canción, una novela, una frase me hacen soñar, me transportan a "otro lugar" si no quieres que me enfurezca, no me bajes de esa nube. De un instante al otro me puedo volver violenta y agresiva cuando eso ocurre no entiendo razones, por favor no intentes calmarme, aléjate, porque de una manera u otra, puedo hacerte destruirte. ¿Sabes qué pregunta me hacen más frecuentemente? "¿Cómo puedes ser tan lista para unas cosas y tan tonta para otras?" Un día me tiraría de un paracaídas, solo para que me veas, y mañana me escondería en un rincón de mi recámara, de ti y del mundo. Puedo ser una grandísima mentirosa... o lastimarte con mi sinceridad. Soy capaz de llorar con las películas y las noticias de la televisión... pero las tragedias de mis vecinos rara vez me producen algún efecto. Te sorprenderá saber porque lo sabrás- que tu puedes tener una idea acerca de mi personalidad y otras personas una completamente distinta aunque ambos tengan fundamento. No tengo piedad, ni compasión y no doy tregua a mis enemigos... aunque daría la vida por quienes amo... mientras los ame. Poseo una extraña y desarrollada facilidad de ver tus puntos débiles y también los fuertes, entonces cuídate, porque lo que digas o hagas muy probablemente algún día será usado en tu contra. Puedo convencerte de algo, aun cuando ni yo misma esté convencida de ello.Siempre te daré una respuesta a todo. y con una extraordinaria rapidez pienso lo que tengo que decir para lastimarte. Hoy quiero pasar el resto de mis días contigo, sin embargo mañana me puedo arrepentir. Si un día te digo que no te quiero volver a ver no te sientas culpable, porque no lo eres. También eso es frecuente. Algo puedo asegurarte: nadie sufre más que yo.

Cambios

De alguna forma, siento que ahora no es el momento de hacer cambios. Sólo cabe sentarse a esperar y dejar que pase un poco la tormenta. No buscar fuera lo que uno no tiene dentro, por atractivo que pueda parecer poner en manos de otro todo esto y dejarse llevar por la corriente. Pero el problema es mío, y siento que la solución debe pasar también por mí. Y ahora no es el momento: estoy donde quiero y como quiero estar. En dique seco. Parado. A la espera. Vacío por dentro pero, al menos, estable. Ahora no estoy en condiciones de ofrecer nada a nadie: sólo tormenta y problemas. Y hay como una luz de alarma que se enciende y que me advierte que no me meta en más charcos. No por ahora. Que no complique las cosas. Que tenga paciencia esta vez y haga las cosas de una forma lógica: primero, lo primero. Y lo demás, si es que tiene que llegar, ya irá llegando a su tiempo, y en su momento, cuando yo esté preparado. En un futuro -próximo o lejano- en el que ahora ni siquiera creo.

El manicomio, dejado a los locos

Hace sólo unos años (tres o cuatro, no más), uno entraba en internet y no encontraba nada sobre el TLP, sólo páginas en inglés, o el famoso directorio donde tuve la suerte de encontrar a uno de los peores psiquiatras que he conocido en mi vida. Hoy, sin embargo, la cosa ha cambiado, y hay varias ofertas, con sus foros incluidos.

El problema, muchas veces, es quién controla estos foros. Un foro de TLPs administrado por varios TLP es como un manicomio dejado a los locos, sin nadie que imponga un poco de orden, sensatez y coherencia. Una especie de circo donde los borderline se saltan los ojos los unos a los otros sin nadie que sugiera un poco de sensatez. Foros donde incluso se fomentan las autolesiones, directa o indirectamente, y donde se da la imagen de que somos todos un puñado de locos incontrolados que obedecen siempre al primer impulso (normalmente destructivo). Y ése es el panorama que se ofrece al enfermo que llega a estos foros buscando un poco de solidaridad y de afecto.

Muy, muy triste.


martes, 29 de julio de 2008

Perder la esperanza


He perdido la esperanza en el futuro. He perdido la ilusión por las cosas. No sé si se trata de algo pasajero, si de aquí a unos meses volveré a sentir algo de curiosidad o de esperanza por la vida. Pero por ahora no hay nada de eso. Uno se siente dentro de una rueda, y sabe -de alguna forma- que todo es para nada, que haga uno lo que haga, o por más que uno se mueva en la dirección que mueva, el final de cada ciclo es siempre el mismo: es la vuelta constante al punto de partida. Una vida que no avanza. Una vida que gira sobre sí misma, como una pesadilla que no termina nunca. La sensación de que todo es inútil, de que nada lleva a nada, de que siempre volverá uno a lo mismo: a perderlo todo y empezar desde cero. Un esfuerzo que te deja agotado y que te hace pensar de antemano que todo es inútil.

domingo, 27 de julio de 2008

Victimismo

Es difícil no sentirse una víctima de algo que parece que decide por ti, de algo que está ahí desde que tú recuerdas y que es tu enemigo y te ha robado la vida. No es parte de ti, ni lo quieres. Pero no hay forma de librarse de esto, de pasar página y soltar ese lastre y empezar de una vez a vivir.

Además, te sientes víctima porque sabes cómo nació todo esto. Porque sabes que en ese entramado tú no hiciste nada para buscarte esto, ni lo pediste, ni lo quisiste nunca. Porque sabes que los otros -en ese mismo entramado- se libraron de pasar por esto.

Pero sabes también que no hay culpables. Miras hacia atrás, y tienes la certeza de que cada uno lo hizo lo mejor que pudo, o lo mejor que supo. Desataron la tormenta, pero fue un accidente: cosas que se hacen sin saber lo que se hace. Aunque después te tocó pagarlo a ti.

Pues eso, te ha tocado. Qué se le va a hacer.

jueves, 24 de julio de 2008

Definición del vacío

Se supone que el vacío no se puede definir. Precisamente porque es eso, el vacío. Pero los TLP sí que podemos: nos hemos criado en él, hemos crecido con él, y en él vivimos. No es una sensación, ni es un sentimiento que nos haya llegado en un momento dado de la vida. De una forma u otra, siempre estuvo ahí. Y no ha habido nunca -como ha tenido el resto de la gente- un puerto al que amarrarse: una personalidad o una imagen propia y clara en la que mirarse, con la que medirse. Tampoco la familia: porque todo nació ahí, porque cuando uno ni siquiera sabe con certeza quién es, no puede sentirse miembro de una familia, ni miembro de nada. Es siempre el bicho raro. Lo mismo con la gente. De joven, con los amigos, o más adulto, cuando encuentras un trabajo. Con tu pareja, incluso: no te sientes igual, temes el abandono, llegas a forzar cualquier situación y enrareces al máximo el ambiente cerrado en que vives con ella, porque tienes miedo a no ser querido. Porque íntimamente te sientes siempre así: material de segunda, defectuoso, indigno.

Así que el vacío es eso. Pasearse por la vida sin una sola referencia de nada. En una completa sensación de irrealidad que empieza, por supuesto, por no saber quién demonios eres tú. Dicen en los síntomas de nuestro trastorno que es una sensación. Ojalá. Pero no: es una certeza. Y además, terrorífica. Y con ella tenemos que vivir día tras día.

miércoles, 23 de julio de 2008

Días como hoy

Hay días como hoy en que me pregunto (dudo, más bien, la verdad) si alguna podré escapar de esto. No digo ya escapar del todo, sino mínimamente. Convivir conmigo mismo y construirme algo parecido a una vida, con relaciones sanas, gente alrededor, tiempo que poder dedicar a algo.

Hoy me siento vacío. Pero no vacío como suele decirse otras veces. No desmotivado, asqueado, harto (que todo eso también) sino vacío. Como preguntándome qué hago aquí y para qué, pero sin llegar a preguntarme nada, sólo sintiendo eso: vacío. Como una sensación de que todo en mi pasado es un error, de que mi presente ni siquiera existe, y de que ya no espero nada del futuro.

Como si ese otro que convive conmigo me hubiera convencido ya de que es inútil. "No te preocupes: hagas lo que hagas, consigas lo que consigas, conozcas a quien conozcas, sueñes lo que sueñes, ames lo que ames... tarde o temprano, yo vendré y te lo quitaré". Así que para qué.

Vacío, ya digo.

lunes, 21 de julio de 2008

Rutina

He empezado desde hoy mismo a imponerme una rutina. El año pasado (siempre en verano, siempre los mismos ciclos que se repiten una y otra vez) fue la rutina la que me salvó, la que me fue poniendo a salvo de la tormenta... aunque después yo solo volviera a meterme de cabeza en ella, ciega, irresponsablemente. La rutina te libra de las horas vacías y de los pensamientos, los buenos y los malos. Te convierte en un muñeco de cuerda: como dice el protagonista de "Tokyo Blues", te levantas y te das cuerda a ti mismo y así te obligas a ir pasando el día. Es como atiborrarse de pastillas para pasarte durmiendo noche y día cuando se te han acabado las pastillas. No cura (y en eso, y yo lo sé por experiencia, se equivocan todos los que te dicen: "...lo que tienes que hacer es buscarte algo con lo que entretenerte..."), no te hace madurar, ni aprender. Sólo añade tiempo. Y el tiempo siempre acaba por hacerlo todo más y más pequeño, casi insignificante, ridículo. Pero todo esá ahí, si sabes acercar el microscopio y rebuscar en las viejas heridas. La rutina, en realidad, es una trampa que nos tenemos que hacer a nosotros mismos para hacernos a la idea de que ni es aquí ni ahora. De que no hay tiempo. De que otro -que ni siente ni padece: el suplente- está haciendo por nosotros ese trabajo sucio que hoy por hoy es vivir nuestra vida.

Mi forma de dormir



Ha cambiado mi forma de dormir. Me refiero a mi postura en la cama. Me he dado cuenta hoy: antes dormía bocarriba y ahora duermo replegado, acurrucado, en posición fetal, como un niño en el útero confortable de la madre. Es muy indicativo de cómo me siento ahora. Me siento herido: por eso me protejo con mis propios brazos y me encojo en mí mismo, como un armadillo. Hace sólo un par de meses me iba a comer el mundo y, ahora, (cuesta creerlo: sólo han pasado unos meses) todo se ha ido a la mierda y es el mundo el que me ha zampado a mí de un bocado. Lo he perdido todo: la persona que quería y que la vida había puesto ahí para mí; un buen trabajo, sobre el que podría haber construido un futuro; el apoyo y la confianza de mi familia. O mejor dicho: lo he tirado yo todo a la basura, y en cuestión de días, o de horas. Y ni siquiera sé todavía por qué (es decir, lo intuyo, sé por dónde van las cosas, pero no sé si no volvería a hacerlo igual si tuviera otro ataque, o si perdiera otra vez el control).

Estos días me paso en la cama muchas horas, aunque nunca me gustó estar en la cama sin dormir. Encogido, replegado. Imaginando cosas (aunque intentando no pensar en nada que tenga que ver con lo que me pasa), qué doy un paseo de aquí a no sé dónde, o imaginando un paisaje, o lo que sea. No tengo prisa ninguna por levantarme. Con un poco de suerte, me vuelvo a dormir (unas horas menos que quitarle a ese día). Estos días me sobran. Así que lo mejor es recogerse y hacer lo menos posible. Solamente esperar. E intentar no sufrir demasiado.

domingo, 20 de julio de 2008

Prohibida la nostalgia

En este estado en que estoy, en que sólo se puede esperar, en el que el ciclo tiene que cerrarse y poco puede hacerse para que se cierre más rápidamente, hay sin embargo errores que no deben cometerse. Y el más grave de ellos es caer en la nostalgia. Ese lastre, esa trampa facilona y artera de pensar que todo lo que hubo fue mejor. Queda mucho camino, aunque ahora no se vea, queda mucho por hacer, aunque hoy todo sean brumas y tiniebla y casi muerte. De momento, ese paso, un paso pequeñito pero realista: no caer en la nostalgia, no mirar hacia atrás, no echar más de menos lo que ya se ha perdido. Sólo ese pasito. Y luego, otro. Y otro...