domingo 10 de agosto de 2008

Güisqui y orfidal, y un toquecito de lorazepam


Hay días en que uno cae. Días que se parecen demasiado a ayer, y en los que el mañana no es más que un truco malo para obligarse a levantarse cada día. Días en que no se ve la punta de todo esto. Días negros como agujeros que se lo tragan todo. Días en que nadie llama, en que nadie está, en que nadie existe, ni siquiera uno mismo. Porque uno ya está harto de sí mismo y sólo quiere eso: dejar de existir. Coger la vía rápida. Morir ya no tan joven, pero por lo menos dejar un cadáver medianamente digno. Ahorrarse lo que sabe que va a ser lo peor: los últimos capítulos de este libro sin pies ni cabeza ni una trama interesante, esos últimos capítulos que han comenzado ya. Porque intuyes que el final de ese libro es más que triste. Trágico, incluso. Soledad y derrota. Y aún estás a tiempo de evitar todo eso, y de evitárselo también a los otros. 50 ó 60 pastillitas de orfidal y medio litro largo de güisqui, y quince o veinte pastillitas más de lorazepam o de otro somnífero. Un suicidio rápido (el de las pastillas) o un suicidio lento (el resto de tu vida). Eso es lo que hay. Y ahora, tú eliges.

2 comentarios:

Simplemente_un_espejismo dijo...

De verdad, impresionante, sin palabras que estoy.

Tantas veces que te sientes así...

Pero yo no se, hay momentos en los que aun conservo la esperanza de que un dia venga un rayito de sol y me saque de esta oscuridad tan grande...Pero otros no.

El camino mas facil algunas veces puede llegar a ser el mas largo...

Cuidate mucho y sigue escribiendo :)

Health Pain dijo...

Sí es verdad, en muchos momentos pensamos solo en quitarnos la vida para dejar de sufrir, pero no hay que vencernos, el lorazepan calma nuestra ansiedad y salir un poco de nuestros problemas pero hay que ser capaces nosotros mismos de vencer la adversidad.